Moonspell - Wolfheart..!

Moonspell arribó nuevamente a Bogotá para llenar de nostalgia un Ace of Spades a reventar. Con el poder que siempre ha caracterizado a la agrupación proveniente de Portugal, nos dimos cita el pasado martes 17 de marzo, en una noche que cumplió por completo el hechizo y abrió el corazón de los asistentes.

Wolfheart, la obra prima de Moonspell, fue lanzado en 1995, cuando el gothic metal aún no era uno de esos tantos subgéneros que hoy reclaman su lugar. A mediados de los noventa, cuando el mundo estaba dominado por el death y el black metal, y los grandes thrashers ochenteros mantenían en alto su legado, Moonspell irrumpió en la escena mundial como un golpe certero, cargado de furia y velocidad. Pero también dejó claro que la música extrema podía ser melódica, envolvente y profundamente oscura. No completamente negra, sino bañada en esa oscuridad mística y única que solo puede ofrecer una noche de luna llena.

El set fue realmente impresionante: más de dos horas de música ininterrumpida donde la banda desplegó todo su poder. Un recorrido dividido en dos actos: la primera parte, Wolfheart interpretado en su totalidad; la segunda, una muestra impecable de la evolución y calidad musical de Moonspell. Una declaración contundente de que no se trata de una banda que gira únicamente alrededor de su primer álbum, sino de una trayectoria sólida y respetable. Y aun así, dando espacio a la nostalgia, a quienes seguimos su sonido desde los primeros días, o incluso a quienes, como yo, no dominamos toda su discografía, pero encontramos en ese álbum la esencia suficiente para comprender la magnitud de esta brutal agrupación.

Aunque en los últimos tiempos hemos visto múltiples eventos en el país con llenos totales —y más en este venue que se ha consolidado como uno de los favoritos del público—, resulta casi irreal presenciar a una banda como Moonspell frente a un aforo reducido. Verlos así, de cerca, en una comunión tan íntima y elocuente, nos recuerda que el artista verdadero se entrega a su obra sin importar el tamaño del escenario. Cada detalle fue cuidado, cada nota ejecutada con devoción, dando como resultado una presentación inolvidable: una noche mágica en la que el hechizo de la luna revivió, con melancólica intensidad, los corazones de los lobos solitarios reunidos allí.

Pdta. Desde hace muchos años, junto a varios amigos y a Alejandro Olarte (R.I.P.), escuchábamos y celebrábamos estos himnos. Aquella noche, al oírlos en vivo, se abrieron las puertas de la memoria: farras, risas y vivencias compartidas con un hermano del metal que ya no está, pero cuya presencia aún habita en cada parche, en cada show y en cada acorde.

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