¡NOS VEMOS EN LA DESTRUCCIÓN...!

Llegan épocas oscuras para el metal under en todos los sentidos. Se van las grandes leyendas (Cronos, Ozzy, Elkin Ramírez), pero quedan las bandas de las que hicieron parte, tratando o, como dicen ellos, cuidando el legado y llevando a la gente la música que hizo grandes a sus autores. Nos ha pasado que vemos un flyer y no sabemos si se trata de las bandas originales, de tributos o simplemente de algún evento «más». Por ejemplo: V8, Hermética, Sepultura, Kraken, Venom Inc. En fin, la lista puede ser larga. Adquirimos la boleta y, cuando llegamos al toque, nos damos cuenta de que no está la voz que escuchamos mil veces en los tapes, CD y vinilos de nuestra colección. Y eso no sé si es fraude, desilusión o simplemente la época.

En Colombia puede ser peor, porque estas leyendas, en sus épocas de oro, no llegaban por estas tierras. De algunas vimos conciertos que quedaron en nuestra memoria para siempre, pero las vimos llegar por primera vez después de dos o tres décadas de haberse formado. Nunca vimos a Hermética original en Obras, ni a Sepultura con los hermanos Cavalera, ni los lanzamientos en vivo de grandes obras que, después de tantos años, aún siguen vigentes. Entonces, cuando viene alguien a tocar esos temas, la nostalgia nos pega el triple. ¡Y acá viene el debate que quiero dejar sobre la mesa: aceptar o perder!

Hay tres ejemplos que veo muy claros en lo que está sucediendo, tres formas de volver, y las resumo así. Primero, sin la voz original, como ocurre actualmente con Kraken, Sepultura o Venom. Legalmente, son la banda: tienen el nombre registrado y son dueños de su imagen y su legado. Tomando puntualmente a Sepultura como ejemplo, musicalmente Andreas y Paulo tocan increíble, indudablemente (aunque eso también es cuestión de gustos). Pero, espiritualmente, ¿cuántos del público van a cantar temas de Quadra? Todos van a gritar Roots Bloody Roots y Arise, que son de Max. Es una banda de covers de lujo tocando sus propias canciones. No es una estafa, ni se trata de menospreciar el trabajo de nadie, pero esa banda del flyer no es la que yo escucho cuando reproduzco sus álbumes.

Otro ejemplo es el homenaje honesto. En este caso, me remito a hace unos meses, cuando vi en vivo a Tano y O’Connor con La H No Murió. Esa noche, cada nota y cada acorde los sentí muy reales, muy sinceros, y llegaron hasta lo más profundo. Y después me pregunté: ¿lloré por Hermética o por mi juventud? Es algo que sucede muy a menudo en eventos de este tipo (me pasó con Death to All, Narea, entre otros). Es el homenaje más digno que existe: dos tipos que SÍ compusieron esos riffs, que SÍ estuvieron en Obras. No están vendiendo un regreso; están diciendo que tocan los temas de Hermética. También puede haber bandas como Possessed, donde Becerra, su vocalista, puede cambiar de músicos infinidad de veces, pero es su propia voz y su energía las que hacen grande a la banda. Lo mismo sucede con muchas otras, como Cradle y Brujería, entre muchas más.

Otro ejemplo que veo, y que llamo la forma correcta, es lo que hace Alberto Zamarbide. Es un caso muy válido, original y auténtico: no te venden a V8 ni a Logos, te venden la voz que hizo grandes esos discos y esos clásicos. Te venden al guerrero del metal que estuvo al frente de los discos que sonaban en tu Walkman. Y si en el flyer pueden aparecer los logos de las bandas, en grande y encabezando todo está el apellido del artista, lo que resulta aún más honesto.

Zamarbide ES V8. Fue la voz de Luchando por el metal (1983), el disco pionero del metal en español. Fue la voz de Logos. Entonces, este es el ejemplo más sincero, porque simplemente la voz original está ahí. No es un imitador ni un guardián del legado. Nosotros no tuvimos la oportunidad de ver a V8 en Barrancas en el 83, y ver a Zamarbide en 2026 aquí en Colombia es la máquina del tiempo más cercana que vamos a tener.

El negocio de la nostalgia es bueno, no lo voy a negar, pero lo es cuando resulta sincero, cuando de verdad hay algún miembro fundador, compositor o vocalista que está ahí para darte ese pedazo, casi completo, de lo que alguna vez fueron esas bandas. Cuando una boleta en Colombia te cuesta más de una semana de trabajo, duele si te engañan. Entonces, ¿cómo decidir si ir a ver o no a estas bandas? Es simple: depende de la importancia que tengan estas obras en tu vida. Después, toca mirar y entender si estás viviendo uno de los tres ejemplos mencionados: la franquicia, los protagonistas de la historia o la voz original.

Actualmente, en Colombia, y sobre todo en Bogotá, con la cantidad de conciertos que hay cada semana, es difícil y complicado decidir a cuál ir y a cuál no. Y aunque no es una obligación, lo ideal es apoyar la mayor cantidad de eventos posibles y disfrutar del metal en vivo, que es la forma más espiritual y humana de vivirlo, para que los promotores y demás involucrados puedan seguir trayendo al país estos brutales eventos.

Para terminar, hagamos un ejercicio en nuestras redes… Déjame en los comentarios el nombre de una banda que SÍ pagarías por ver sin su vocalista y una banda que NO irías a ver nunca porque sería una falta de respeto total.

¡Sin entrar en más detalles, seguiremos apoyando lo que más podamos! ¡Nos vemos en la Destruccioooon!!!!!

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