
¡UNA NOCHE GRINDCORE!
Una verdadera muestra de que el underground está más vivo que nunca. Bogotá siempre se ha caracterizado por ser la meca del metal nacional, y cada vez lo demuestra con más fuerza: almacenes, bares, escenarios, bandas, distribuidores y, lo más importante, aquello que realmente mueve público… ¡los conciertos! Cada noche y cada fin de semana pueden convivir en la vida capitalina más de 15 eventos simultáneos, todos con su propia identidad, su propio objetivo y hasta diferentes trasfondos económicos e ideológicos para hacerse realidad. Pero ahí están: haciendo parte de este ecosistema que no deja de transformarse día tras día. Recursos privados o públicos, clandestinos o transparentes compiten constantemente por albergar más movimiento, más ruido y más metal!
Pero aun dentro de esta inmensa nube de eventos existe un movimiento que no habla de recursos, ni de grandes tarimas, ni de ofrecer “la mejor experiencia”, ni de invitados mundialmente famosos o giras internacionales de cuatro meses. Aquí solo interesa el metal… el metal extremo, real y underground. Y fue precisamente la noche del 15 de mayo cuando, en un lugar clandestino llamado Casa Zeniza, nos reunimos un grupo de enfermos del sonido extremo para disfrutar una noche sin compasión, cargada de grindcore, death metal y gore.
A partir de las 8 de la noche empezaba a divisarse en la calle 45 con carrera 16, en la capital, un pequeño mar de camisetas negras llegando al lugar: algunos escépticos, pero todos con sed de metal, cerveza y encuentro con amigos amantes del verdadero under nacional. Allí también vimos llegar a los músicos de todas las bandas, cada uno cargando su instrumento, deteniéndose en la esquina donde compartíamos unas cervezas, saludando y alegrándose al ver tantos colegas y amigos presentes. Nada de vans con vidrios oscuros ni entradas por puertas traseras; aquí había contacto real con el público, con la gente que quería sentir la crudeza y el poder de su música cara a cara.
Luego de más de una hora entre cervezas, historias y conversaciones, entramos al segundo piso, donde se llevaría a cabo el ritual sonoro. Una sala de casa sirvió como escenario para acomodar batería, amplificadores y sonido, desde donde comenzaría la descarga inclemente de metal a cargo de las agrupaciones invitadas ANGERBLAST y MINDLOCK, dos brutales representantes del grindcore bogotano, directos, crudos y sin filtros. Sin duda, un aplastante abrebocas para lo que vendría más adelante.
Renglón seguido apareció una agrupación que había visto días antes junto a la leyenda española Unbounded Terror: DESTITUTE. Una máquina de grindcore con una puesta en escena devastadora y un sonido desgarrador, contundente y absolutamente sin contemplaciones. Todos los adjetivos posibles encajan en la violencia sonora de esta banda. Una descarga brutal que ya dejaba media noche inundada de metal, sudor y muchas polas.
Avanzando la noche se preparaba en escena una banda que, definitivamente, es uno de los mayores exponentes del género a nivel mundial. El año pasado se me escapó de las manos la posibilidad de verlos durante la gira de celebración de los 30 años de su primer disco, pero esta ocasión —tan underground y cercana— fue lo mejor que pude revivir de aquel concierto de 1996 en Bucaramanga, donde comenzó todo este amor por el under. PURULENT presentaba en tarima su obra Patología Grotesca, en lo que sería además su última presentación en Colombia antes de partir hacia una extensa gira por Europa, recorriendo grandes y pequeños escenarios. Porque esa es la esencia de una verdadera banda: demostrar de qué está hecha sin importar el tamaño de la tarima. Hacer historia y seguir viendo cientos o miles de almas coreando sus canciones.
Ver en escena a estas leyendas del gore nacional merece respeto absoluto, admiración y consagración dentro del metal más honesto y espiritual. Charlando con Wilson, Jhon, Germán y Daniel, se siente claramente que no están ahí únicamente por compromiso con el metal, sino porque aún recuerdan y honran de manera casi espiritual al líder fundador y mente creativa detrás de todo esto: David Rairán (RIP). Y precisamente esa memoria les da la fuerza y la entrega para continuar.
PURULENT toma la escena y el lugar simplemente explota en energía, poder y furia. La contundencia de su sonido, sumada al peso de sus letras y la violencia de cada ejecución, hizo que Casa Zeniza reventara en caos y metal extremo.
Y para cerrar la noche, una banda que ha recorrido el mundo demostrando una fuerza dentro del grindcore que pocas agrupaciones poseen: odio, oscuridad y destrucción sonora convertidas en música. ANIMALS KILLING PEOPLE, desde Nueva York, son de esas bandas capaces de conquistar cualquier rincón del planeta sin necesidad de parafernalia ni grandes disqueras detrás. Solo hambre, violencia sonora y ganas de devorar el mundo llevando su sonido a todas partes. Son auténticos demonios en escena: un sonido oscuro y aplastante, una batería demoledora y una voz salida directamente del abismo. Definitivamente, una noche donde el underground y el grindcore aplastaron nuestros cerebros sin misericordia.
Brutal presentación de todas las bandas. Brutal reencuentro con amigos de diferentes rincones de la capital y del país. Y, una vez más, queda demostrado que el underground sigue vivo… respirando metal como nunca antes.
(foto días antes del show)





